Después de 11 años de que el norteamericano Tomas Alva Edison inventara el fonógrafo, el alemán Emilio Berliner presenta al mundo su nueva creación: el gramófono, en 1888. Ambos tenían un fin similar, que era reproducir el sonido impreso en un cuerpo sólido, pero la diferencia estaba dada por sus características técnicas y su carácter industrial y comercial. Esto provocó un sinfín de problemas entre ambos inventores desde 1890 y hasta 1901.
Pero fue en año 1902, cuando los contrincantes pudieron comercializar y gozar de sus patentes, cuando el gramófono toma ventaja sobre el fonógrafo, gracias a la sencillez de su mecanismo y su considerable menor costo. A partir de entonces comienzan a proliferar en Alemania, los fabricantes de estos aparatos, lo que en algún momento causó una crisis comercial. Tal fue el crecimiento fonográfico que entre 1908 y 1914 que no quedó un pueblo o una ciudad en cualquier lugar del mundo que no contara con las máquinas o discos alemanes de diferentes marcas y modelos. Todo este imperio fue obra de Lindstrom, beneficiando enormemente a la economía alemana, quien se dió cuenta que el siglo XX se iniciaba con la expansión de la música reproducida, lo que lo llevó a enviar máquinas grabadoras ambulantes a las más importantes ciudades del mundo, a fin de tomar muestras en cera de aquellos músicos, cantates y orquestas sin compromiso de exclusividad con empresas ya conocidas para iniciar un nuevo estilo en la grabación y comercialización del disco.
Con el inicio de la primer Guerra Mundial, las compañías Victor y Columbia deciden tomar recaudos y salvaguardar todas las matrices que se encontraban en depósitos de algunos países europeos llevándolas a lugares más seguros. Ambas compañías dejaron de fabricar gramófonos, dedicándose durante el tiempo de duración de la guerra, a la fabricación de piezas para otras máquinas. Buenos Aires sintió también la dureza de la guerra y Europa dejó de enviar mercaderías por el riesgo que ello implicaba. No obstante ello, la compañía Polyphon de Lindström continuó con los envíos de discos contra todo riesgo hasta fines de 1915.
También hasta estuvo controlada la producción y comercialización de Fonotipia y Odeon en Alemania. Muchas fueron las figuras de importante trayectoria tanguera que grabaron en estos discos, adicionándose algunos entre los años 1910 y 1915, en sellos registrados en Argentina y que provenían del mismo productor como por ejemplo América Uruguayo, Sonora, Atlanta, Chantecler, Avelino Cabezas, entre otros. De todas ellas la más difundida fue Atlanta, que con el consentimiento de Lindstrom utilizó el mismo logo de Dacapo Record. Algunos de los más notables músicos que grabaron para esos discos alemanes fueron: Alberto Poggi, Antonio Caggiano, Segundo Pomar, Arturo Calderilla, Manuel Campoamor, Pedro Garay, Arturo Sianco, José Corrado, los maestros Reynoso y Heyberger, Linda Thelma, Eduardo Arolas, Angel Greco, entre muchos otros.
Algunas de las más importantes melodías grabadas fueron “La nenita”, “Manyá que pierna”, “El zorzal”, “La chirimoya”, “El vicioso”, “El goruta”, entre otros.