Recordado no sólo por haber sido un cantante extraordinario, sino además por tratarse de uno de los últimos arquetipos de la bohemia porteña. Roberto Goyeneche nació en el barrio de Saavedra, Buenos Aires, Argentina, el 29 de enero de 1926 y fue apodado desde muy joven como “el Polaco” por su parecido a los jóvenes polacos de la época. Fue reconocido por su grandiosa expresividad y su modo de acomodar la voz, adquiriendo su gusto por el tango en cafés y cabarets donde habitualmente se presentaban grandes figuras de los años 40.
En el año 1944 se presentó en un concurso realizado para encontrar voces nuevas, siendo éste su primer éxito a los 18 años. Con el paso del tiempo fue creando un estilo y una forma muy particular que lo han hecho inconfundible. El Polaco dio sus primeros pasos como cantante de tangos con la orquesta de Raúl Kaplún en 1944, continuando en 1952 con Horacio Salgán, junto al cantante Ángel Díaz, quien fuera el responsable de su apodo.
Fantásticas han sido sus interpretaciones de temas como “La última curda”, “Naranjo en flor”, “Qué solo estoy”, “Gricel” y “Garúa”, entre muchos otros; además de ser un inigualable intérprete del repertorio de Carlos Gardel. Cantó como nadie los tangos “Chau no va más”, “Afiches” y “Maquillaje”.
En el año 1956 ingresó como cantante a la orquesta de Anibal Troilo, continuando su camino después juntos a grandes maestros como Raúl Garello, Atilio Stampone, Armando Pontier y Baffa-Berlingieri. Consagrado posteriormente como solista, fue ovacionado por su público hasta su muerte, el 27 de agosto de 1994 en Buenos Aires. Fue uno de los más grandes, cuya “garganta con arena” deleitaba a sus seguidores del tango en las noches de Buenos Aires.